
Entre Guerra y Crisis

Por José Ariel Cruz (Jochy).-
El conflicto geopolítico entre Rusia y Ucrania, que el pasado 24 de febrero desencadenó en ataques a posiciones militares ucranianas por parte de las fuerzas de ataque rusas, ha generado una serie de opiniones en torno a sus efectos para la economía en nuestro país.
Algunos citan un posible beneficio de esta situación para nuestra economía haciendo una comparación desde mi punto de vista irracional, con los efectos post segunda guerra mundial.
Los enfrentamientos militares escenificados del 1939 al 1945 destruyeron los campos de cultivo de remolacha, materia prima para la producción de azúcar de Europa, produciéndose así una carestía y escasez prolongada de este producto. Es así como las exportaciones desde los países caribeños aumentaron considerablemente buscando suplir sus mercados en la época.
En ese entonces las importaciones hechas por el mercado dominicano procedían principalmente de los estados unidos y existía un régimen de producción nacional que proporcionaba cierta estabilidad económica y alimentaria.
Hoy en día el contexto económico, político y social es muy distinto.
Los combates de la guerra no han afectado los campos agrícolas. Renglones como el acero, trigo, soya, maíz entre otros; provienen de regiones rusas y ucranianas. Las alzas en el barril del petróleo y sus derivados así como el gas natural, producirán un efecto negativo para nuestro mercado donde solo los Estados Unidos serán beneficiados ya que tendrán un amplio mercado a quien suplir de gas, para citar uno de los elementos.
En el campo del turismo, Rusia aportó el 22,2% de los turistas del Viejo continente el pasado año y desde Ucrania el 8,12%.
Las exportaciones nuestras de frutas, ron y cigarros hacia estos países serán mínimas o casi nulas.
Datos estos que prometen variar en orden descendente por el protocolo de seguridad de estos países en guerra y las sanciones internacionales.
Como si esto pareciera poco, el estado de nuestro aparato productivo nacional es deprimente a causa de la poca inversión, la baja competitividad ante otros productores del área, la falta de planificación estatal y un descontrol en los precios no provocan un horizonte muy claro.
El endeudamiento externo es otro aspecto desestabilizador. Estos cuantiosos recursos son dedicados a cualquier actividad, menos en asuntos que puedan generar el pago de la deuda.
Si estos préstamos fuesen usados de manera adecuada, tendríamos una industria agropecuaria fuerte, comida al alcance del pueblo, productos de calidad para exportación, empleos, un PIB creciente, entre otras bondades.
Todo esto ocurre en medio de una pandemia que golpeó las economías del mundo que aún no se terminan de reponer, en uno que otro país más que en otros de acuerdo a la intervención oportuna de los gobiernos por medio de sus programas de planificación y los niveles de educación de sus habitantes.
Seguimos esperando cambios en la política económica que generen mejoría y bienestar a los dominicanos y las dominicanas.





