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DE OPINIÓN: La salud, en franco deterioro

En la República Dominicana, hablar del sistema de salud es enfrentarse a una realidad dolorosa: la salud pública está en franco deterioro.

No se trata de una frase exagerada ni de un simple recurso retórico; es una verdad que se palpa en los pasillos abarrotados de nuestros hospitales, en las salas de espera sin aire, en las miradas cansadas de médicos y enfermeras, y en las quejas, cada vez más amargas, de los pacientes que dependen de un sistema que parece condenado al abandono, ministra tenemos un ministro de Salud Pública que derrochó más de RD$60 millones de pesos en dos meses sin conocerse una campaña educativa.

Además, de un Servicio Nacional de Salud poco eficiente y gerencial.

Quien recorre un centro hospitalario del Estado encuentra un panorama desolador: paredes agrietadas, filtraciones, mobiliario viejo y equipos inservibles.

La salud se ha convertido en un privilegio para quienes pueden pagar seguros privados, mientras la mayoría queda atrapada en un sistema lento, deficiente y burocrático.

En algunos casos, la basura se acumula junto a las camas, el aire acondicionado no funciona y las goteras conviven con quirófanos que deberían ser espacios estériles. Son condiciones indignas para quienes buscan atención, pero también para quienes la brindan.

Los pacientes, en su mayoría de escasos recursos, enfrentan una carrera de obstáculos para acceder a algo tan básico como una cita médica o un medicamento.

Las listas de espera se prolongan por meses; las cirugías se posponen por falta de insumos; y muchos deben costear de su bolsillo medicamentos o estudios que el hospital no puede ofrecerles.

El deterioro no es casualidad, es el resultado de años de desinversión, de políticas públicas improvisadas y de la ausencia de un plan integral que ponga la vida de la gente por encima de cálculos políticos. La salud pública no puede seguir dependiendo de parches momentáneos ni de reacciones ante emergencias; necesita un rescate profundo, con presupuesto suficiente, supervisión real y compromiso político sostenido.

Porque detrás de cada estadística hay un nombre, un rostro y una historia. Y hoy, en la República Dominicana, la historia que se repite es la de miles de ciudadanos que se enferman, esperan… y muchas veces no llegan a tiempo a recibir la atención que merecen.

La salud es un derecho, no un favor. Y el Estado, como garante, tiene la obligación de rescatarla antes de que el deterioro sea irreversible.

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