DE OPINIÓN

La salud no se inaugura por etapas: entre la inauguración simbólica y la realidad funcional

Autor: Dr. Angel F. Garabot M,

La reciente inauguración parcial del Hospital Regional Universitario del Nordeste Dr. Angel María Gatón confirma una práctica cada vez más frecuente: confundir la política de salud con la política de imagen. Se corta la cinta, se anuncian cifras, se declara un hito… pero el hospital, como sistema vivo de atención, no está listo para cumplir su función esencial: ofrecer servicios seguros, continuos y oportunos a la población.

Entregar un hospital por etapas no es, en sí mismo, un error. El problema surge cuando esas “etapas” no cumplen condiciones mínimas de funcionamiento. Un centro sin emergencia operativa, sin consultas externas, con laboratorios incompletos, fallas en imágenes diagnósticas y sin personal suficiente no representa un avance sanitario; representa un riesgo. La salud no se inaugura en fragmentos simbólicos: se habilita cuando los procesos están completos y articulados…

Antecedentes y promesas oficiales

El entonces Hospital Regional Universitario San Vicente de Paúl fue proyectado como una megaobra destinada a ofrecer servicios de alta complejidad, tecnología de punta, cobertura integral y formación universitaria en salud. Estas promesas fueron reiteradas en múltiples ocasiones por distintas administraciones, consolidando la expectativa de que el Nordeste contaría con un hospital plenamente equipado y operativo.

La actual administración, encabezada por el presidente Luis Abinader, decidió inaugurar la obra de manera parcial, presentando esta acción como un hito en la modernización del sistema de salud. No obstante, la inauguración por etapas de un hospital regional universitario plantea serios cuestionamientos desde el punto de vista sanitario, administrativo y ético.

La lógica aplicada parece invertida. Primero se construye el relato del éxito, luego se improvisa la operación y, finalmente, se traslada la carga del déficit al personal de salud y a los pacientes. El problema no es únicamente comunicacional ni de transparencia institucional; es, sobre todo, sanitario, porque esa lógica propagandística termina habilitando servicios sin condiciones mínimas de seguridad. Así, la precariedad se normaliza y el riesgo se vuelve cotidiano. No es solo un problema administrativo o presupuestario: es una falla en la comprensión de lo que significa garantizar atención segura.

Cifras anunciadas versus capacidad real

Durante el acto inaugural se informaron cifras que describen al hospital como uno de los más modernos del país: más de 300 camas, 32 consultorios, seis quirófanos y una amplia cartera de servicios especializados. Sin embargo, los datos operativos disponibles indican una realidad distinta. Actualmente, solo alrededor de 160 camas se encuentran habilitadas; menos de la mitad de los consultorios anunciados están en funcionamiento; la emergencia aún no ofrece servicios; las consultas externas no han iniciado de manera regular; y áreas clave como laboratorio clínico e imágenes diagnósticas presentan limitaciones técnicas y operativas.

Inconsistencias administrativas y presupuestarias

A estas limitaciones se suman inconsistencias en la información oficial ofrecida por distintas autoridades. El metraje de construcción ha sido reportado con variaciones significativas —34,500, 45,000 y hasta 48,000 metros cuadrados— según la fuente y el momento. De igual forma, el costo de la obra ha experimentado un incremento sustancial, pasando de poco más de mil millones de pesos en sus inicios a más de nueve mil millones, sin que hasta ahora se hayan presentado informes públicos detallados que expliquen de manera clara estas variaciones presupuestarias.

La falta de información transparente debilita la confianza ciudadana y dificulta la evaluación objetiva del proyecto.

Recursos humanos y gestión hospitalaria

El panorama en materia de recursos humanos resulta igualmente preocupante. No se han realizado nombramientos suficientes de personal médico especializado, técnico ni administrativo para operar un hospital de alta complejidad. La intención de sostener el nuevo centro con una plantilla similar a la del antiguo hospital anticipa sobrecarga laboral, largas esperas y disminución en la calidad del servicio.

Asimismo, la designación de una dirección hospitalaria sin arraigo en la región ha sido interpretada por diversos sectores como una señal de desconexión con la realidad local y con las necesidades específicas de la población a la que el hospital debe servir.

La historia reciente del Hospital Regional Universitario Dr. Ángel María Gatón refleja una brecha significativa entre el discurso oficial y la realidad operativa. La salud pública no se construye con actos simbólicos ni con cifras infladas, sino con planificación rigurosa, transparencia en el uso de los recursos y compromiso sostenido con la dignidad humana.

Un hospital no es una obra ornamental ni un trofeo político. Es un dispositivo complejo donde una decisión mal tomada puede tener consecuencias irreversibles. Mientras se siga privilegiando la propaganda por encima de la planificación sanitaria, la población seguirá recibiendo promesas inauguradas, pero no servicios plenamente funcionales. Cuando un hospital se inaugura sin estar listo, la consecuencia no es solo una promesa incumplida: es un riesgo real para quienes buscan atención y para quienes intentan brindarla. Mientras la gestión pública confunda propaganda con resultados, el costo lo seguirá pagando la ciudadanía en su derecho fundamental a la salud.

El autor de este artículo es Médico Pediatra, Miembro de la Dirección Central Partido Fuerza del Pueblo, Vicesecretario de Salud de la Secretaria Salud FP y Encargado Operativo Dirección Municipal FP/SFM.

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