DE OPINIÓN

El verdadero reto del fiscal no es acusar, es decidir bien.

En el ejercicio diario del Ministerio Público, muchas personas entienden que la función del fiscal es llevar casos a los tribunales. Sin embargo, la realidad es más compleja: el mayor desafío está en saber cuándo sí y cuándo no accionar.

Cada decisión; archivar, conciliar o acusar no solo afecta un caso, sino la credibilidad misma del
sistema de justicia.

El trabajo fiscal debe estar guiado por:

✓ Evidencias suficientes
✓ Análisis jurídico objetivo
✓ Viabilidad real de éxito en juicio

La Suprema Corte de Justicia ha reiterado que las decisiones deben sustentarse en una valoración racional de los hechos y las pruebas, conforme a la lógica y la experiencia.

Esto implica que el fiscal tiene el deber de motivar sus decisiones de forma clara, objetiva y
fundamentada.

Ahora bien, cuando un fiscal actúa de esa manera, es importante comprender algo esencial:

El desacuerdo con una decisión fiscal no debe convertirse en ataque al fiscal.

El propio sistema prevé los mecanismos adecuados para canalizar esas inconformidades, como la objeción del archivo o el control judicial de las decisiones del Ministerio Público.
Por tanto:

* La vía correcta es acudir al juez, no desacreditar al fiscal.

* Los mecanismos institucionales están para corregir decisiones, no para generar presión indebida.

* Utilizar amenazas veladas, denuncias infundadas o la inspectoría como forma de intimidación no fortalece el sistema, lo debilita.

Un Ministerio Público fuerte no es aquel sometido al miedo, sino aquel que actúa con independencia,
criterio y responsabilidad.

En definitiva, el buen fiscal no es el que más acusa, es el que decide con fundamento y sostiene sus
decisiones con transparencia.

Licdo. Engels Luis Polanco Henriquez
Procurador fiscal

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