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El café dominicano atraviesa una de sus mayores crisis productivas

AGENDA56, SANTO DOMINGO.- Para muchos, el día inicia con una taza de café y los productores de este rubro lo saben; por eso, cada mañana realizan un recorrido en sus cafetales para observar las plantas con detalle.

El fin es claro: que a la hora de la cosecha haya suficientes cerezas de café. De eso depende la retribución económica.
Pero, a veces, el clima les hace una mala jugada, las plagas se les suman y la tarea se vuelve amarga y complicada.

Sin embargo, la resiliencia es una virtud de agricultores, y la historia es testigo de eso y la roya del café a sabido poner a prueba la paciencia de miles de productores en todo el país.

Dicha plaga llegó por vez primera a República Dominicana en 1989, siendo el municipio de Restauración, provincia Dajabón, la demarcación receptora de tan devastadora plaga, que provocó grandes daños a la caficultura.

Luego, a finales de 2010, la plaga provocó que la producción se redujera desde poco más de 35,000 toneladas métricas en 2011 hasta cerca de 15,000 en 2015. Ya en el 2017 la enfermedad arreció sus daños, por lo que se inició la recuperación del sector.

En la actualidad, más de 23 mil productores siguen desafiando las plagas, y continúan produciendo café con nuevas variedades de la planta, aunque no todos logran tener alto rendimiento en sus plantaciones.

La producción de café mantiene una tendencia a la baja desde hace dos décadas

Datos del Ministerio de Agricultura muestran que la producción de café alcanzó los 822,960 quintales en el 2002, aunque sin datos de la cantidad de terrenos sembrados.

Dicha cifra se mantuvo hasta el 2006, cuando la producción alcanzó los 911,650 quintales; luego se redujo hasta unos 218,000 quintales en el 2015, bajando a un rendimiento por tarea de 0.14. De ahí en adelante, las cifras fueron bajas, volviendo a registrarse cifras de recuperación en el 2021, con unos 502,884 quintales de producción.

Ya para los años siguientes, la producción se ha mantenido en esos indicadores, con una producción de 590,817 quintales en el 2024 y reduciéndose a 450,713 quintales en el pasado año.

Cabe destacar que es a partir del 2020 que las estadísticas muestran indicadores de siembra por cantidad de terrenos, la cual pasó de 43,623 a unas 27,398 tareas en el 2025, según los datos del Ministerio de Agricultura.

Para el pasado año, datos del Banco Central indican que, en el período comprendido entre enero y diciembre de 2025, la producción de café en grano experimentó una contracción de 10.0 %, atribuida en gran medida al exceso de humedad y saturación del suelo derivadas de las lluvias provocadas por el fenómeno atmosférico Melissa.

Mientras se daba ese escenario en la producción local, las empresas no tuvieron de otra que supliéndose de las importaciones.

En el 2012 se importaron unos FOB US$25,36 millones de dólares de café, té, yerba mate y especias. Ya para el 2015 esa cifra subió a FOB US$79,35 millones de dólares y, en el 2020, las importaciones cayeron, pero en el 2021 alcanzaron los US$54,69 millones. Ya para el pasado año, las exportaciones alcanzaron los FOB US$157,79 millones.

La baja productividad obliga a aumentar las importaciones de café

Estudios indican que el país requiere invertir en el sector cafetalero para elevar su productividad y tecnificación no sólo para suplir la demanda local y las exportaciones.

Un estudio del Ministerio de Medio Ambiente y Recursos Naturales y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) demuestra que la gestión adecuada de los servicios ecosistémicos puede aumentar la producción de café, lo cual multiplica las ganancias económicas y aumenta los beneficios ambientales.

“El análisis focalizado de escenarios” (TSA por sus siglas en inglés), realizado por primera vez en el país, fue aplicado para los sectores cafetalero y cacaotero en el marco del proyecto Biodiversidad en Paisajes Productivos.

Compara dos escenarios: uno de negocio habitual, que proyecta una gestión insostenible del sector con inversión limitada, y otro basado en una gestión sostenible de los ecosistemas, que introduce mejoras en la gestión de los ecosistemas y del capital natural.

Las conclusiones para el sector del café indican que implementar la gestión sostenible de los ecosistemas podría generar ganancias netas de aproximadamente US$50 mil por hectárea a lo largo de 15 años, con una inversión estimada de US$27,000 mil por hectáreas durante el mismo período.

Este informe, publicado el pasado año por el organismo internacional, indica que en República Dominicana el cultivo de café se caracteriza por ser mayoritariamente agroforestal y de sombra, con diferentes árboles asociados para servicios y alimentos.

El tipo de producción varía desde sistemas tradicionales, con mantenimiento básico y escasa tecnificación, hasta sistemas tecnificados con alta productividad.

El enfoque del se centra en la producción tradicional, que representa el 75 % de las fincas y se caracteriza por manejo limitado y producción de 0.3-0.45 toneladas por hectárea.

La extensión de cultivo de café ha disminuido drásticamente debido a la plaga de la roya, pasando de 132,508 hectáreas en 2002 a 43,884 hectáreas en 2020, indica “El análisis focalizado de escenarios del sector cafetalero”.

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