
Crisis de agua sumerge a la población en el desespero y la incertidumbre en SFM
por: Narciso Acevedo
El contraste es desgarrador y evidente. Por un lado, una ciudad que exhibe con orgullo su dinamismo económico, con nuevas torres de apartamentos y plazas comerciales que transforman el perfil urbano; por el otro, miles de familias que se levantan cada madrugada abriendo grifos de los que solo sale aire.
San Francisco de Macorís atraviesa una de las peores crisis de abastecimiento de agua potable de su historia reciente, una emergencia silenciosa pero asfixiante que amenaza con paralizar la vida cotidiana.
El origen del colapso se siente con fuerza en las fuentes mismas de captación.
La drástica disminución en el nivel de la presa de Rincón ha mermado la capacidad operativa de las plantas procesadoras instaladas en Cenoví y la comunidad de Mata Larga.
Sin el caudal necesario para alimentar el sistema, la red de distribución ha colapsado, dejando sin el vital líquido a comunidades enteras.
Un recorrido por la geografía francomacorisana refleja la magnitud del drama humano. En sectores populares de alta densidad poblacional como Los Rieles, Hermanas Mirabal, San Vicente, Los Maestros, San Martín y La Altagracia, la desesperación es la constante.
El escenario no es distinto en las zonas residenciales: urbanizaciones como Caperuza y Campo Fernández,Paseo del Río,comparten la misma suerte. Nadie escapa a la escasez; el agua se ha convertido en un lujo inalcanzable.
»Aquí ya no sabemos qué hacer. Para fregar, para el baño o para cocinar hay que estar haciendo milagros», relatan amargamente comunitarios que ven cómo las labores cotidianas más elementales se transforman en una odisea diaria.
La crisis también ha golpeado con dureza la economía doméstica. Conseguir un camión cisterna privado se ha transformado en un calvario financiero y logístico: los precios ya rondan los 2,500 pesos por viaje, cuando se corre con la suerte de encontrar un turno disponible en las estaciones de llenado, donde las filas de camiones parecen no tener fin.
Por disposición de las autoridades del Instituto Nacional de Aguas Potables y Alcantarillados (INAPA), camiones tanque han sido desplegado en operativos de emergencia para repartir el preciado recurso en los barrios más críticos.
Sin embargo, los propios choferes y comunitarios admiten que el esfuerzo, aunque loable, resulta insuficiente ante la inmensidad de la demanda.
Los camiones se vacían en cuestión de minutos frente a la multitud que acude con tanques, cubos y galones a capturar cada gota.
Promesas oficiales frente a la urgencia del presente
Recientemente, las autoridades gubernamentales y del sector agua anunciaron la construcción de varios tanques de almacenamiento en puntos estratégicos del municipio así como la rehabilitación de las redes con el propósito de ofrecer una solución estructural al problema.
Si bien la noticia generó cierta esperanza a mediano plazo, la realidad inmediata sigue siendo crítica.
San Francisco de Macorís vive hoy entre la incertidumbre y el clamor. Mientras las obras prometidas se concretan y las lluvias logran recuperar los embalses, la población se ve obligada a adoptar medidas extremas de racionamiento y ahorro.
El llamado es urgente tanto para las autoridades —que deben agilizar las respuestas de contingencia, como para la ciudadanía, llamada a preservar hasta la última gota de un recurso indispensable para la supervivencia.





