Nacionales

Cuando la justicia corre para unos y camina para otros: los 32 aguacates que reabren el debate sobre la justicia dominicana

Por Kirsibel García-

AGENDA56, SANTO DOMINGO.- Treinta y dos aguacates. Ese fue el botín que terminó con un hombre condenado a seis meses de prisión en República Dominicana. Además de la cárcel, una multa de RD$500. Un proceso judicial que llegó hasta una sentencia, con jueces, pruebas, testigos y una decisión firme.

La noticia, por sí sola, podría interpretarse como una señal de que el sistema de justicia funciona y protege el derecho de propiedad. Después de todo, el robo es un delito, sin importar si se trata de millones de pesos o de varias decenas de aguacates.

Pero la pregunta inevitable surge cuando se mira hacia otros expedientes mucho más voluminosos.

En un país donde aún esperan respuestas las familias afectadas por la tragedia del Jet Set, donde decenas de personas perdieron la vida y cientos resultaron afectadas, la sensación de muchos ciudadanos es que la velocidad de la justicia cambia dependiendo de quién esté sentado en el banquillo.

Lo mismo ocurre con otros casos de alto impacto que han ocupado titulares nacionales y que siguen transitando por un largo camino judicial, mientras la sociedad espera respuestas, responsabilidades y decisiones.

Entonces aparece una imagen difícil de ignorar: por un lado, un hombre preso por 32 aguacates; por el otro, expedientes de enorme repercusión pública que avanzan lentamente entre audiencias, recursos, aplazamientos y procesos que parecen no tener final.

No se trata de minimizar el derecho de un agricultor a proteger el fruto de su trabajo. Quien roba debe responder ante la ley. Ese principio no debería discutirse.

Lo que muchos cuestionan es si ese mismo rigor se aplica con igual intensidad cuando los involucrados poseen dinero, influencia, conexiones o poder.

Porque la justicia no solo debe ser justa; también debe parecerlo.

Cuando la ciudadanía observa que un pequeño agricultor logra una condena por el robo de sus aguacates, mientras casos que involucran pérdidas humanas, enormes daños o figuras influyentes permanecen durante años sin una decisión definitiva, inevitablemente nace una percepción de desigualdad.

Y esa percepción termina erosionando la confianza en las instituciones.

Quizá el verdadero problema nunca fueron los 32 aguacates.

Quizá el problema es que, para muchos dominicanos, la balanza de la justicia parece calibrarse según el tamaño de la cuenta bancaria, el apellido o la influencia del acusado.

Porque al final, en República Dominicana, pareciera que hay delitos que pesan kilos… y otros que pesan apellidos.

Publicidad

Publicaciones relacionadas

Botón volver arriba