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McKinney cuestiona mano dura contra delincuentes pobres mientras grandes desfalcadores siguen sin condena definitiva

AGENDA56, SANTO DOMINGO.- El periodista y escritor Pablo McKinney cuestionó la actuación de la Policía Nacional frente a la delincuencia y sostuvo que las alegadas ejecuciones se concentran en supuestos delincuentes de sectores pobres, mientras quienes han sido señalados en grandes casos de desfalco contra el Estado no han recibido, según plantea, ni siquiera condenas definitivas.

McKinney expuso sus críticas en su artículo “El 29 o la tentación de la muerte”, publicado en Listín Diario, en el que advierte sobre la cantidad de personas fallecidas en supuestos intercambios de disparos y cuestiona la respuesta de las autoridades ante la criminalidad.

“En un esfuerzo por recuperar una popularidad disminuida a partir de la crisis de aquellos apagones de junio de 2025, el gobierno ha cedido a la tentación de ejecutar a los supuestos delincuentes exclusivamente pobres”, afirma el articulista.

A seguidas, McKinney establece un contraste con el tratamiento que, a su juicio, han recibido personas vinculadas a grandes expedientes de corrupción y manejo irregular de recursos públicos, al señalar que “históricamente, los supuestamente grandes desfalcadores del Estado no han recibido ni siquiera una condena definitiva”.

El escritor califica como preocupantes las cifras de muertes que atribuye a actuaciones policiales. En su artículo menciona “23 posibles asesinatos en una semana”, 37 muertos en un mes y alrededor de 180 posibles ejecuciones durante ocho meses. Esas cifras y su caracterización corresponden a los planteamientos de McKinney en su columna.

El articulista sostiene que este tipo de respuesta frente a la delincuencia entra en contradicción con los principios constitucionales relacionados con el respeto a la dignidad humana y advierte sobre el riesgo de utilizar una  política de mano dura como mecanismo para conectar con sectores de la población que respaldan las actuaciones policiales contra presuntos delincuentes.

McKinney también dedica parte de su reflexión a las causas sociales de la delincuencia en los barrios. Señala factores como la exclusión, la falta de oportunidades laborales, la deserción escolar, los problemas familiares y la incorporación de adolescentes y jóvenes a pandillas que terminan proporcionándoles dinero, identidad y sentido de pertenencia.

Frente a esa realidad, considera que las autoridades deberían fortalecer la educación y la calidad docente, combatir las estructuras superiores del crimen organizado y enfrentar las posibles conexiones entre redes criminales, políticos y agentes policiales.

Asimismo, propone reforzar el acompañamiento social, cultural, deportivo, espiritual y psicológico de los jóvenes como mecanismo preventivo para evitar que la delincuencia termine convirtiéndose en un referente de progreso, poder o reconocimiento dentro de comunidades vulnerables.

Con su artículo, McKinney coloca en el debate la diferencia que, desde su perspectiva, existe entre la respuesta del Estado frente al delincuente común y la que reciben personas acusadas de grandes delitos contra el patrimonio público.

El columnista concluye su reflexión con una advertencia sobre las consecuencias de normalizar las muertes como instrumento para combatir la delincuencia: “Si bailas con el diablo, el diablo no cambia; el diablo te cambia a ti”.

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